Ayer el puerto de Barcelona colapsó quedando los taxis atrapados durante horas

COMUNICADO URGENTE

Lo vivido ayer en los accesos al muelle adosado del Puerto de Barcelona fue un auténtico desastre organizativo que ni los ciudadanos, ni los visitantes, ni los taxistas merecemos volver a sufrir.

Con cerca de 25.000 cruceristas desembarcando en la ciudad, una cifra absolutamente previsible en plena temporada alta, la falta de planificación y coordinación provocó un colapso sin precedentes. Decenas y decenas de taxis permanecieron atrapados durante más de dos horas para poder entrar o salir del puerto, mientras miles de pasajeros sufrían retrasos, incertidumbre y una imagen lamentable de Barcelona.

La situación llegó a extremos difíciles de creer: pasajeros obligados a abandonar los vehículos y continuar andando bajo temperaturas cercanas a los 35 grados porque el tráfico permanecía completamente bloqueado; una gran parte de la flota de taxis retenida en el puerto sin poder prestar servicio; y amplias zonas de la ciudad con una oferta insuficiente de taxis porque cientos de profesionales permanecían inmovilizados en un atasco interminable.

Barcelona proyectó ayer una imagen de improvisación, descontrol y falta absoluta de gestión. Y lo más grave es que estamos hablando de una operativa perfectamente previsible, que se repite año tras año durante la temporada de cruceros.

Desde el Sindicat del Taxi de Catalunya (STAC) hemos solicitado urgentemente al IMET, que pida explicaciones a los responsables del caos vivido durante la jornada de ayer. Queremos saber qué falló y por qué nadie fue capaz de anticipar una situación que era conocida con antelación.

Además, exigimos una reunión urgente con todos los organismos implicados para analizar lo ocurrido y establecer medidas inmediatas que impidan que este caos vuelva a repetirse.

No aceptaremos que se intente utilizar este episodio para justificar un aumento del número de taxis en fin de semana. Ayer no faltaban taxis. Lo que faltó fue gestión, coordinación y planificación. El problema no fue la oferta de servicio, sino el colapso provocado por una organización insuficiente.

Los taxistas no podemos seguir pagando con horas de trabajo perdidas los errores de otros. Los ciudadanos no pueden quedarse sin servicio porque centenares de vehículos están bloqueados en el puerto. Y los visitantes de Barcelona no merecen encontrarse con una ciudad incapaz de gestionar correctamente la llegada de cruceros que estaban programados desde hace meses.

Si nadie asume responsabilidades y se adoptan soluciones reales, estaremos condenados a repetir una situación que perjudica a toda la ciudad y que daña gravemente la imagen de Barcelona.

El sector del taxi exige respuestas. Y las exige ya.


Barcelona, a 01 de junio de 2026