Los taxis de Barcelona imploran reducir a la mitad la flota metropolitana en la nueva normalidad

Los taxistas reclaman el cambio normativo urgente al AMB, que lo apoya pero pide amparo legal al Govern

La Generalitat escurre el bulto y recuerda al gestor público que ya tiene la potestad para cambiar la norma

 

EL PERIÓDICO.- Con las películas de la Marvel sucede que te pierdes con la trama, que no tienes claro el orden de la serie, que la misión está muy definida pero con tanto personaje es fácil salir del hilo. Con el taxi de Barcelona pasa un poco lo mismo. Sabes qué quieren (ganarse la vida) e identificas bien a su enemigo (Uber y similares, y a veces la Administración o incluso ellos mismos), pero a menudo las idas y venidas de sus conflictos te expulsan de la trama. Ahora renace una vieja reivindicación, la de limitar, en este caso de manera transitoria, el número de taxis que salen al mismo tiempo con el objetivo de adecuar la oferta a la demanda. Lo habitual es que salgan 8.000 de las 10.500 licencias (tienen un día de fiesta semanal) y piden que se reduzca a la mitad de cara al 21 de junio, cuando se baja el telón del estado de alarma. Es decir, amanecer con 5.000 vehículos. El Instituto Metropolitano del Taxi (IMT) parece apoyar la propuesta, pero quiere blindarse desde el punto de vista legal. Los taxistas, como de costumbre, no se fían. Y ya sabemos cómo las gastan cuando no les dan la razón.

Cuenta Luis Berbel, presidente del Sindicato del Taxi de Catalunya, que estos tres últimos meses han sido “catastróficos para el sector”. Lo dice con la boca pequeña porque sabe que semejante afirmación sirve para la mayoría de colectivos profesionales. Pero esos otros sectores, o buena parte de ellos, pueden tomar sus propias decisiones. No así el taxi, ese peculiar negocio de licencias de gestión privada que dependen de la Administración, desde la tarifa hasta los suplementos, pasando por el uso de las paradas o la explotación de vehículos a doble turno, además del tipo de vehículo o las jornadas de descanso. Durante las semanas de confinamiento absoluto, salía a la calle el 20% de la flota. Ahora ya van por el 30%.

La Administración está de acuerdo con la propuesta pero quiere blindarla desde el punto de vista jurídico

El 24 de abril solicitaron al IMT la medida transitoria del 50% a partir del 21 junio. La concejala de Movilidad y presidente de este ente público, Rosa Alarcón, asegura a este diario que desde el punto de vista político están de acuerdo con la propuesta, pero señala que es necesario que se deleguen las competencias a la AMB para poder regular el tema. La edila socialista blande un informe jurídico del gestor metropolitano que defiende que no tienen autoridad para hacerlo.

Fantasmas del pasado

Berbel conoce los entresijos del taxi. También a los que lo comandan. Sabe bien que en el IMT los cambios generan cierto pavor. Ya en el pasado, el gestor público tuvo que hacer frente a demandas que echaron por tierra legislaciones destinadas a modificar el funcionamiento de la profesión. Quizás la más recordada sea la del intento de achicar la flota a base de iniciar la compra y retirada de credenciales. Un sindicato logró tumbarlo. Dice Berbel que el Instituto Metropolitano del Taxi no quiere tomar la decisión “por miedo a los tribunales”, y que por eso han solicitado amparo jurídico a la Generalitat. En resumen: si papá Govern nos ofrece paraguas legal (¿se acuerdan del decreto que ponía firmes a Uber el año pasado, previo al reglamento metropolitano que le daba la puntilla al invento?), se podrá limitar el número de taxis en la calle.

Ese compadreo, sin embargo, ni está ni se le espera. Por ahora. El director general de Transports y Mobilitat del Govern, David Saldoni, ya ha avanzado a los taxistas que la Generalitat “no considera viable la regulación” por parte del Departament de Territori i Sostenibilitat. A través de una carta, recuerda que la ley del Taxi, en su artículo 24.1, recoge “la potestad de las entidades locales titulares de las licencias de regular, mediante la norma reglamentaria pertinente, la explotación de las licencias de taxi en lo que se refiere a los turnos, días de descanso y vacaciones”. O lo que es lo mismo, este marrón tiene que gestionarlo el Área Metropolitana de Barcelona (presidida por Ada Colau), a través del IMT. Alarcón lo duda. Explica que está prevista una reunión técnica este viernes para empezar a desempatar.

Exceso de celo

Alberto Álvarez, portavoz de Elite Taxi, explica que muchos taxistas “están en una situación desesperada“, y que sacar 8.000 taxis de golpe “no tiene ningún sentido”. “Más que mosqueados, estamos desorientados. Pero eso no quiere decir que descartemos movilizarnos”. Berbel no entiende tanta prudencia por parte del IMT. Cayó la propuesta de retirar licencias, pero se acuerda de 1984, cuando se reguló un día más de fiesta por licencia y se quitaron 2.000 vehículos diarios de la circulación. O cuando se decidió el reparto del aeropuerto entre credenciales pares e impares y también pasó el corte. En muchos casos hubo demanda para intentar doblegar esas iniciativas, y el IMT salió airoso. Álvarez está convencido de que un grupo de taxistas impugnarán la limitación de licencias, pero no ve otra opción. “La gente está bastante al límite“.


A la espera de la ‘app’ pública del taxi

El Instituto Metropolitano del Taxi anunció a mediados de mayo su intención de impulsar una aplicación móvil pública al servicio de todos los taxistas metropolitanos. Tendrá un funcionamiento similar al de plataformas como Uber o Cabify y permitirá empezar a evitar, entre otras cosas, que los vehículos circulen con el verde y sin pasaje, gastando combustible y ayudando a congestionar aún más la ciudad. La aplicación, según explicó la concejala de Movilidad en su presentación, geolocalizará los vehículos, cosa que no pueden hacer las VTC, puesto que el reglamento aprobado el año pasado por el Govern lo prohíbe. Un detalle que no pasará por alto para empresas como Uber o Cabify, que difícilmente dejarán escapar la oportunidad de recordar sus restricciones ante la propuesta del IMT. Cabify, por cierto, ya supera los 800 vehículos en Catalunya, sobre todo en Barcelona, mientras que Uber sigue buscando la manera de que el desembarco sea rentable teniendo en cuenta las restricciones impuestas tanto por la Generalitat como por el Área Metropolitana de Barcelona, sobre todo en lo que tiene que ver con la precontratación de 15 minutos que rompe con el modelo de inmediatez de estas compañías.