La vuelta tonta del taxi desde el aeropuerto

BARCELONA. ELPERIODICO. EDWIN WINKELS.- Los veo muy a menudo, y siempre me hacen bastante gracia, por la estúpida picaresca más que nada, por ser una minucia, por ser tan visible para los que conocemos los caminos que llevan a Barcelona, y también río porque no debo pagar yo las consecuencias, que es esa carrera un poquito más cara en taxi de lo que sería lo normal, lo correcto, lo legal. Intento explicarlo, aunque sé que aquellos pequeños tramposos no se dejarán amedrentar por unas 80 líneas en papel de periódico, seguro.
A ver, suele pasar más con los taxis que salen de la vieja terminal del aeropuerto de El Prat, la T-2, más cerca de Barcelona que la T-1. El truco consiste en pasarse un poquito de la tarifa mínima estipulada de 20 euros que cuesta cualquier viaje desde el aeropuerto.
Bueno, pues cuando se abandona la T-2 hay dos opciones para ir a Barcelona: al Eixample, centro o al puerto se gira a la derecha, por la autovía de Castelldefels, la C-31, para seguir después por la Gran Via o la Ronda Litoral. Para ir a la parte alta, se sigue recto, dirección Ronda de Dalt. Pero ¿qué hacen bastantes taxistas que deben ir al centro, y con clientes foráneos a bordo? Siguen recto, entran un momento en la B-20 (el inicio de la Ronda de Dalt), y toman en el indescifrable nudo del Llobregat la primera salida a la derecha, hacia, de nuevo, la Gran Via o la Ronda Litoral. Un pequeño rodeo para acabar en el mismo sitio. En mi propio coche he medido la diferencia entre ambos recorridos: por la C-31 hay, desde la salida del aeropuerto hasta el hospital de Bellvitge, 3,8 kilómetros. Por la B-20 son 5,3 kilómetros. La tarifa por kilómetro recorrido es entre 0,90 y 1,15 euros, o sea que el beneficio es mínimo.

Larga espera en la parrilla

3 Y por un lado, hasta se les puede entender, a los taxistas de Barcelona, porque llevan a veces horas esperando en la parrilla de espera y, encima, a la mayoría de extranjeros el precio que han de pagar no les parece nada escandaloso, pese a si hayan sido engañados con más o menos rodeos y suplementos. «¡Qué barato, es de risa!» exclamó el otro día un amigo extranjero cuando el viaje de la T-1 a la plaza de Catalunya, con un taxista honesto, le costó ese mínimo de 20 euros. Y es que para ir del aeropuerto de Heathrow al centro de Londres pagaría unas 60 libras (más de 70 euros), de Charles de Gaulle al centro de París lo mismo, de Fiumicino a Roma un fijo de 39 euros, de Zaventem a Bruselas 45 y de JFK a Manhattan un fijo de 45 dólares (35 euros).
Pero un taxista de aquí se puede acercar a esos precios, si quiere. Lo hace el tipo veterano con gafas al que decido seguir tras verle tomar ese rodeo por la B-20, preguntándome dónde irá, y si tiene más trucos. Pues sí. Para llegar a la Rambla con Tallers no va por la Gran Via y Pelai, que es lo más fácil. Toma la Ronda Litoral, sale en Drassanes, encamina Paral·lel, la Ronda de Sant Pau, Urgell (la ronda de Sant Antoni lleva años cerrada ya, y lo sabe), Floridablanca y, por fin, Universitat y Pelai.

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