Tres cruces de Barcelona suman más de mil accidentes en 15 años

La confluencia de la Diagonal con paseo de Gràcia registró 18 accidentes en el 2012, una de las cifras más bajas de la historia Mané Espinosa
* Tres cruces de Barcelona suman más de mil accidentes en 15 años
* La confluencia de paseo de Gràcia y Diagonal lidera el ranking histórico, aunque logra reducir los siniestros
BARCELONA. LA VANGUARDIA. RAMÓN SUÑÉ.- Las medidas adoptadas en los últimos años para mejorar la seguridad vial en Barcelona y las campañas de sensibilización dirigidas a automovilistas, motoristas y peatones, y últimamente también a ciclistas, no han conseguido borrar una serie de puntos negros de la ciudad que, con el paso de los años, mantienen todavía altos niveles de peligrosidad. Un exhaustivo análisis comparativo de los últimos quince años, realizado por La Vanguardia a partir de las cifras de accidentes registradas por la Guardia Urbana y el área de Via Pública entre 1998 y el 2012, revela que la zona de la plaza Joan Carles I, en la intersección de la Diagonal y el paseo de Gràcia, puede considerarse históricamente el enclave más peligroso de la capital catalana, al menos en términos absolutos.
El podio de este ranking de siniestralidad urbana -que no tiene en cuenta los accidentes en las rondas, que suelen representar entre el 7% y el 8% del total de la ciudad- lo completan el cruce de Gran Via con el paseo de Gràcia y la confluencia de la Diagonal con la calle Balmes. En el periodo analizado, estos tres puntos suman más de un millar de accidentes de tráfico entre atropellos de peatones, caídas de motoristas, choques contra obstáculos fijos y colisiones entre dos o más vehículos. En la lista negra cabría incluir también otros dos cruces de la Diagonal, los de esta gran avenida con las calles Numància y Marina. Por el contrario, el lugar en el que más accidentes (29) se contabilizaron el pasado año, el encuentro de la calle Balmes con la ronda General Mitre, hasta ahora únicamente había aparecido en la relación de puntos más peligrosos en el 2006.
Después de cuatro años consecutivos de disminución del número de puntos negros (el Ayuntamiento prefiere hablar de puntos de concentración de accidentes), el balance presentado el pasado martes por el gobierno municipal identifica 43 lugares en los que, durante el 2012, se registraron diez o más accidentes (la cifra más baja, 23 puntos, se dio en el 2011). Con todo, el dato correspondiente al 2012 queda, afortunadamente, muy lejos de los 96 de 1998 o los de los años 2001, 2006 y 2007, en los que también se superó la marca de 80 puntos de concentración de accidentes.
El 2012 pasará a la historia como el año con menos muertos en las calles de la ciudad de las últimas dos décadas, periodo en el que es posible disponer de unas estadísticas fiables y pormenorizadas. El caso barcelonés no es excepcional. La reducción del número de fallecimientos como consecuencia de accidentes de tráfico a niveles no conocidos en los últimos 25 o 30 años ha sido norma en la mayoría de grandes ciudades y también en las carreteras, tanto en las catalanas como, sobre todo, en las españolas.
No ha sucedido lo mismo con el número de accidentes. Después de cinco años de disminución, el año pasado hubo un incremento del 4,8% respecto al 2011. Con todo, los 9.255 accidentes contabilizados en el 2012 permiten a Barcelona situarse por quinto año consecutivo por debajo del listón de los 10.000. Lejos quedan los más de 12.000 accidentes anuales de finales de los noventa y comienzos de la primera década del siglo XXI. Las incidencias de tráfico en la capital catalana siguen siendo muchas, demasiadas, pero las tendencias son, en general, positivas: en 1999 -el año de más alta accidentalidad de los últimos tres lustros- en Barcelona se producía, de media, un accidente de tráfico cada 40 minutos. Hoy, la frecuencia es de un siniestro cada 57 minutos.
Que puntos como Diagonal-paseo de Gràcia, Diagonal-Balmes o Gran Via-paseo de Gràcia encabecen las clasificaciones históricas de accidentalidad se explica, sobre todo, por el gran volumen de tráfico que soportan estas vías principales. Según datos del 2011, por la Diagonal (a la altura de Via Augusta y rambla Catalunya) circulan de media, en días laborables, más de 92.000 vehículos (la crisis y la disminución del número de desplazamientos asociada a ella han reducido la intensidad de tráfico en unos 6.000 vehículos diarios) y por el tramo más céntrico de la Gran Via lo hacen cerca de 60.000. La complejidad de los giros en las grandes avenidas, la velocidad a la que se circula por ellas y una regulación semafórica que no siempre se adapta al paso de los peatones añaden factores de riesgo.
El Ayuntamiento de Barcelona es muy consciente de que motoristas y peatones son las principales víctimas del sistema circulatorio barcelonés. En el 2012, 28 de las 30 personas fallecidas por accidente de tráfico en la ciudad iban en moto o a pie. En cambio, desde hace ya bastantes años, apenas se registran víctimas mortales entre los automovilistas (si bien en el 2012 hubo que lamentar el óbito de un taxista). Llama la atención, en la comparación de las magnitudes de accidentalidad de los últimos quince años hecha por este diario, el cambio en la proporción de la tipología de vehículos implicados. Mientras que en 1997 la implicación de turismos (11.126) superaba con creces la de motocicletas y ciclomotores (7.002), en el 2012 esa diferencia se había reducido: 7.819 coches y 6.238 motos.
Desde hace una decena de años, la unidad de accidentes de la Guardia Urbana actúa de oficio en los puntos donde se concentran más incidencias para determinar qué circunstancias pueden influir en esta elevada siniestralidad y actuar en consecuencia. A veces, una frecuencia semafórica inadecuada, una mala colocación del semáforo o del paso de peatones, una mala señalización o una visibilidad escasa son algunos de los factores más comunes que pueden explicar -además, lógicamente, de la intensidad de tráfico- por qué unos cruces resultan más peligrosos que otros.
Fuentes municipales señalan que, en muchas ocasiones, medidas adoptadas a partir del diagnóstico de estos puntos de alta accidentalidad, correcciones sencillas y con muy poco coste económico, pueden influir en la mejora de la situación. La propia plaza Joan Carles I ejemplifica cómo soluciones poco aparatosas pueden resultar muy efectivas. Bastó pintar una línea continua que impide que los vehículos que circulan por el lateral montaña de la Diagonal puedan girar a la derecha por los Jardinets de Gràcia. De este modo se evita el cruce con los vehículos que, procedentes de la calle Còrsega, embocan en este punto. De unos registros en torno a una treintena de accidentes anuales se ha pasado a 13 y 18 en el 2011 y el 2012, respectivamente. El objetivo para el 2013 es actuar en los 43 puntos de la ciudad que el año pasado sumaron un total de 608 accidentes

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