Marina estrena carril bus-taxi de bajada y el lateral montaña de Gran Via se cierra al coche

Dos agentes obligan a girar por Marina, donde hay un nuevo carril bus-taxi, ayer. FERRAN NADEUNUEVA SITUACIÓN DE PARTE DEL TRAMO DE LA CALLE MARINA
BCN se adapta a la nueva red, con cambios de sentido que despistan al conductor
BARCELONA. EL PERIÓDICO. CARLOS MÁRQUEZ DANIEL- Nada será definitivo hasta que los colegios abran las puertas dentro de una semana. Será entonces, con el reparto diario de niños, cuando la circulación de Barcelona alcance el clímax y se recuperen las noticias sobre colapsos en las rondas a primera hora o congestiones en las principales arterias por culpa de la lluvia. Será también entonces cuando la ciudad certificará que, a pesar del mediático tráfico, mucho menor que en otras grandes urbes, cada vez son menos los que apuestan por el vehículo privado y más los que se apuntan a la movilidad colectiva. En este contexto de crisis y ahorro, el transporte público ultima los detalles de la nueva red ortogonal de autobuses, una distribución de líneas -21, en total- en forma de malla. Más racional; más rápida. Dentro de un mes se pondrán en funcionamiento los cinco primeros recorridos, pero la capital catalana ya está cambiando. Modificaciones de sentido, nuevos carriles para bus y taxi, semáforos con prioridad o calles vetadas al automóvil particular.

RUTINA DISTORSIONADA

Sarrià-Sant Gervasi, Les Corts y el Eixample son los distritos que más chapa y pintura han soportado durante este caluroso mes de agosto. Tanta primicia no ha pasado inadvertida para el veraneante recién llegado. Ayer mismo, los que entraban a Barcelona por Gran Via se encontraban que a la altura de Marina les habían distorsionado la rutina. Prohibido seguir por el lateral de montaña de la avenida y ojo con usar el carril izquierdo de la travesía porque por ahí bajarán autobús y taxi.
«Hay mucho despistado. Por ahora la cosa va tirando, pero la prueba de fuego será el día 12 cuando abran los coles. Entonces veremos si esto aguanta. Quizás haya que retocar los semáforos de Diputació para que pueda absorber todo el tráfico». El joven agente de la Guardia Urbana intentaba adivinar el futuro mientras se hartaba de mover el brazo frente a la Monumental para desviar a los vehículos particulares hacia la Sagrada Família. «Ayer se colaban todos, por eso nos hemos colocado hoy aquí», admitía ya algo cansado.
La conducción por ciudad, sea en coche o en moto, genera automatismos que pueden causar accidentes. Pilotar de memoria es inevitable cuando la ruta es siempre la misma. Pero cuando hay una ruptura del hábito -en el anuncio de un coche sería un inocente conejo en medio de la carretera mil veces recorrida- la novedad quizás se advierta demasiado tarde. Sucede lo mismo estos días en Sant Joan Bosco, en Sarrià. La calle que recuerda al padre salesiano une Mitre con la plaza de Artós. Antes bajaban tres carriles y subía uno. Ahora es al revés. Pues bien, el pasado domingo, tras el partido del Barça-Valencia, los coches que usan este trazado para alcanzar la Ronda de Dalt no se atrevían a ocupar todos los viales. El que osaba, incluso era poco menos que maldecido por el resto. Siempre habían ido en fila de a uno, y por mucho que la señalización horizontal lo permitiera, nadie parecía creérselo.

PEATÓN CON SENTIDOS

Conducir de memoria, ese es el problema con el que deberá lidiar Barcelona durante estos meses de implantación de la nueva red de bus. Aunque también el peatón tendrá que afinar sus sentidos. No en vano, la Guardia Urbana inició el pasado mes de junio una campaña con la que pretende revisar los 15.148 pasos para viandantes de la capital catalana. Tras doblarse el número de atropellos mortales, la policía local se impuso exigir a los conductores un «cambio de chip», un modo elegante de exigir más atención a todos.
En Marina, en el tramo de este carril bus-taxi, hay un buen ejemplo de esa llamada a no moverse por la costumbre. Junto a los semáforos se distingue una señal que insta a mirar a izquierda y derecha antes de cruzar. Hasta la fecha, con mirar hacia la Torre Mapfre bastaba. Si ahora no se echa una ojeada también hacia el templo de Gaudí, puede que un autobús o un taxi hagan el resto. Ellos también usan la memoria.

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