Donación de órganos: Vidas que llegan en taxi

Antonio de los Ríos, en Málaga capital, junto a su taxi. / MARILÚ BÁEZ
  • Antonio de los Ríos lleva tres décadas transportando en su vehículo órganos para ser trasplantados
  • Hace unos días hizo un viaje de diez horas de Málaga a Barcelona con dos riñones porque no había vuelos a tiempo
  • “No soy más que una pequeña pieza de la gran cadena que es la donación de órganos”

MÁLAGA. MÁLAGA HOY. CONCHI GARCÍA.- Un taxi siempre atesora incontables anécdotas. El del malagueño Antonio de los Ríos, además, guarda historias de esperanza y generosidad. En los 38 años que lleva dedicado a esta profesión en Málaga ha recorrido miles de veces las calles de la ciudad, pero sus pasajeros más especiales no son aquellos que llevan maletas, sino los que, silenciosos, viajan en el asiento de atrás esperando a dar una nueva y mejor vida a otra persona: Riñones, hígados, páncreas, incluso córneas… Órganos vitales que necesitan ser trasportados con seguridad y rapidez para ser trasplantados. A veces también lleva a médicos que van de un punto de la comunidad a otro para valorar esos órganos.

Lleva tres décadas realizando este tipo de carreras, las mismas que hace que colabora con la Organización Nacional de Trasplantes. “Son viajes bonitos y es muy gratificante, porque siempre satisface saber que estás ayudando a que otra persona. No sabes quiénes son, pero sabes que lo va a recibir alguien y que se le va a mejorar la vida, incluso cuando son códigos cero, de personas para las que es cuestión de vida o muerte”, afirma Antonio. Lo habitual, según cuenta, es que se tenga que mover por Andalucía, pero a veces recibe encargos más singulares.

Es lo que le pasó hace unos días. Había que trasladar dos riñones desde Málaga al Hospital del Mar de Barcelona y no había vuelos, así que su teléfono sonó. “El primer avión salía a las 12.00 y le ganaban casi 6 horas si se llevaba en taxi, por eso optaron por hacerlo por carretera, porque ese tiempo venía mejor para que el órgano funcionara más correctamente”, explica. Antonio cumplió su misión en diez horas: Salió de Málaga con los dos riñones en una nevera a las 21.00 y llegó a su destino sobre las 7.00 de la mañana siguiente. Cuando llegó a su casa, tuvo que partir hacia Sevilla con un encargo igual para otro paciente.

Como es lógico, la frecuencia con la que realiza estos viajes depende de la actividad médica. “Hay meses que no sale ninguno y otros que tengo varios, o que se producen en el mismo día”, señala Antonio. “Cuando hice el primero, la verdad es que iba con un poco de resquemor, mirando hacia atrás, siempre pendiente de que la nevera fuera en su postura, que no se volcara…”, recuerda.

Hoy en día asegura que sigue “llevando esa cosita en el estómago”, sobre todo porque “sabes que llevas una vida ahí para dársela a otra persona, para mejorar su calidad de vida, y sabes que hay detrás una gran labor de un equipo médico de cirujanos y coordinadores y que todo viene siempre gracias a una donación altruista de otra persona”.

Insiste en que él no es más que “una pequeña pieza dentro de una gran cadena humana de profesionales muy grandes”. “Yo soy un eslabón más de la gran cadena que es la donación de órganos”, sostiene, subrayando también que recibe apoyo de otros taxistas malagueños que le cubren en el caso de que él esté trasladando algún órgano y reciba otra llamada.

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