«El turista se pierde seguro»

Profesional. Jaume Martínez entra a Barcelona por la Gran Via desde el norte, ayer. FERRAN NADEU
Profesional. Jaume Martínez entra a Barcelona por la Gran Via desde el norte, ayer. FERRAN NADEU
* Un taxista novato insta a ponerse en la piel de un extranjero para mejorar la señalización
BARCELONA. EL PERIODICO. CARLOS MÁRQUEZ DANIEL- Jaume Martínez es un hombre que no se arrugó lo más mínimo cuando su empresa le convirtió en un número y en octubre le echó a la calle. Era y es informático, pero a sus 54 años, con pocas expectativas de encontrar algo de lo suyo, decidió sacarse el carnet de taxista. Dicen que esta es una profesión refugio, que muchos parados han buscado amparo en el sector amarillo y negro. En su caso había una razón más sustancial, ligada a su pasado laboral: «Estaba harto de tener que aguantar a según qué jefes. Ahora, si me tengo que enfadar con alguien, es conmigo mismo». Estrenó profesión el 24 de febrero, y desde ese día ha podido comprobar que la ciudad que tan bien creía conocer está llena de recovecos, lugares desconocidos, rincones alejados. Pocas personas mejores que un taxista novato para examinar la señalización de la ciudad. Él mismo fue el primer sorprendido.
Este hombre amable parece haber pasado la noche leyendo el sesudo informe que el RACC presentó ayer. Hubiera firmado una madrugada de lectura y copa de vino, pero lo cierto es que la pasó trabajando, así que no consta que el automóvil club se haya confabulado con él para compartir un mismo diagnóstico sobre la señalización de la ciudad. Admite que desde que empezó trabaja «mucho con el GPS», pero sí ha notado que muchos carteles «luego no tienen continuidad y es fácil perderse». «Siempre lo acabas encontrando, aunque es más por sentido común que por los carteles», sostiene.

Marcar los hoteles

La inercia es un mecanismo humano que lleva al individuo a ir tirando hacia delante hasta que algo o alguien le dicen lo contrario. Así es como Jaume se ha perdido en más de una ocasión. Sobre todo cuando se trata de encontrar un hospital. Ve una señal que le indica que siga recto y él, como es un tipo de fe, sigue recto. Al no hallar ninguna indicación más, ya le ha pasado más de una vez que se pasa de largo. «Luego lo rebajo de la carrera», concreta. Se pone en la piel de un extranjero y madura su respuesta. «Tienen que perderse seguro porque el cartel no tiene ninguna continuidad y si no conoces que nos movemos de mar a montaña y de Llobregat a Besòs lo tienes muy complicado. Además, no hay ni un solo hotel marcado y, si queremos vivir del turismo, deberíamos empezar a señalizarlos. Tampoco está nada fácil llegar al Camp Nou o incluso a la Sagrada Família».
El exceso de información es algo que Jaume también ha descubierto en estas tres semanas en el taxi. Tantos datos, apunta, pueden generar maniobras arriesgadas y acabar causando accidentes. El año pasado se produjeron 1.683 choques por falta de atención por parte del conductor, casi cinco al día. Se hace difícil determinar cuántos de ellos eran personas que intentaban orientarse entre tantas o tan pocas señales o cuántos estaban usando el móvil. En cualquier caso, tal y como señala este voluntarioso taxista, «una ciudad bien señalizada es una ciudad segura»

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