Aida Ortega, Marga Viudes y Raquel Gonzalo, taxistas solidarias

Aida Ortega, fundadora de Mascotaxi Barcelona

“Soy una amante de los animales”, dice Aida

Aida comenzó a trabajar en el taxi en 2014. Tenía un trabajo en el que no estaba contenta y su padre, taxista titular de dos licencias, le propuso trabajar con él. No se lo pensó y en un ejemplo de tesón “me saqué en un año el carné de conducir, el de camión y la credencial de taxista. En cuanto me quité la L me puse a trabajar y supe que había encontrado mi trabajo ideal. Ahora puedo decir que no me veo trabajando en otro lado”.

Tanto los compañeros como los clientes le han tratado siempre muy bien y se ha sentido muy bien acogida siempre. Aunque reconoce que como empezó con 24 años, a veces le hacían alguna broma “como que si ya me había sacado el carné. Pero siempre con buena educación. Yo creo que les sorprendía ver a una chica tan joven trabajando en el taxi”.

Hace 3 años fundó Mascotaxi Barcelona junto con Jose, su pareja, también taxista. Los dos son amantes de los animales y no les entraba en la cabeza “que muchos clientes fuesen rechazados por ir con sus animales de compañía. Nos pusimos en la piel de esa gente que tal vez necesitaban ir a un veterinario de urgencia y no encontraban taxi… y con esa idea fundamos Mascotaxi Barcelona.

Compañeros y clientes le han tratado muy bien y se ha sentido acogida

Trabajar con el taxi y además organizar los servicios, atender a los clientes por teléfono, etc… no es fácil y le quita mucho tiempo libre, pero por otro lado “compensa ver a los clientes tan agradecidos. Eso nos llena de alegría y es lo que nos da fuerza para seguir adelante con el proyecto”.

Aida valora muy positivamente la libertad de horarios que le da el taxi. Ahora que espera un bebé, podrá “amoldar el trabajo a las necesidades de su hijo y no al revés. Me parece un trabajo ideal para una madre”. Así que anima a más chicas a formar parte de la familia del taxi.

Aida: ejemplo de esfuerzo e iniciativa


Marga Viudes, voluntaria de Cris Taxi ayudando contra el cáncer

“Ojalá se animaran muchas más chicas a trabajar en el taxi”, dice Marga

Marga es posiblemente una de las taxistas más veteranas del AMB y, con total seguridad, una de las más queridas por sus compañer@s. Marga comenzó en el taxi (licencia 7548) en 1991 junto con su marido, que es francés. Como ella misma recuerda, “En aquella época no podías comprarte la licencia si no tenías la nacionalidad española, así que tuve que sacarme la credencial para que la trabajase él. Pero a medida que iba estudiando me fue picando el gusanillo de por qué no dedicarme yo también al taxi”. Así que dejó la empresa en la que trabajaba y comenzó la aventura a bordo del amarillo y negro, hace ya 30 años.

A principio de los ’90 no había muchas mujeres taxistas, pero ella se sintió en todo momento muy bien acogida tanto por los compañeros como por los usuarios; en especial por las usuarias, que “a menudo me dicen que les gusta que les lleve otra mujer”. Aunque sí es verdad que cuando empezó había conductores que la miraban en los semáforos, “sobre todo por curiosidad, porque éramos muy poquitas en el taxi. Por suerte cada vez somos más y ojalá se animaran muchas más chicas a trabajar en el taxi. Sobre todo, por la libertad de horarios. Hacemos muchas horas cada día, pero podemos elegir cuándo empezar y cuándo acabar. Y eso permite poder ocuparte del trabajo y de la familia”.

Desde hace unos 5 años Marga es voluntaria en Cris Taxi, un grupo de entre 20-30 chicas de toda España que elaboran y venden pulseras para recaudar dinero para la fundación Cris contra el Cáncer. El año pasado recaudaron 110.000 euros, que serán destinados íntegramente a la investigación contra el cáncer. Una grandísima iniciativa de estas compañeras. Las pulseras que hacen “en las paradas, en cualquier ratito libre en casa” las podéis conseguir en las oficinas del STAC.

Para nosotros es un orgullo que sea una mujer uno de los miembros más antiguos de Barnataxi.

Marga: ejemplo de igualdad, solidaridad y trabajo bien hecho.


Raquel Gonzalo colabora en: “Ningú sense sostre”

“Llevábamos comida a personas sin techo que vivían fuera de la red de albergues municipales”, dice Raquel

El primer contacto de Raquel con el mundo del Taxi fue a través de Radio Taxi Sabadell, donde estuvo trabajando como locutora. Fue ahí donde fue conociendo el sector y donde se planteó la idea de comprar una licencia, “ya que en esa época trabajaba en dos sitios diferentes y, puestos a trabajar muchas horas, mejor trabajar para una misma y ser mi propia jefa”. Así que finalmente compró la licencia 81 de Sabadell en 2007 y comenzó a trabajar. Primero lo hizo en el turno de noche “porque ya conocía previamente a los taxistas y se sentía más protegida y muy bien acogida por ellos”.

Mi primer contacto con la profesión fue a través de Radio Taxi Sabadell

Durante todos estos años nunca ha sentido que ni los compañeros ni los clientes/as le hayan hecho ningún tipo de discriminación por el hecho de ser mujer ya que “este es un trabajo que puede realizarlo tanto hombres como mujeres por igual. Lo único que se necesita es tener un cierto don de gentes, vocación de servicio y que te guste conducir, porque en el taxi se pasan muchas horas”. A pesar de las muchas horas que hay que dedicar al taxi, Raquel valora muy positivamente nuestra flexibilidad de horarios ya que “te permite que puedas organizarte en función de tus necesidades”.

En los inicios de la pandemia, durante el primer confinamiento, estuvo colaborando como voluntaria con la asociación Health warriors, llevando comida de los restaurantes para los sanitari@s. Pero una vez fue acabando el confinamiento más duro, se dedicó a colaborar con Ningú sense sostre, una asociación que conoció a raíz del voluntariado con Health warriors. Ningú sense sostre es una asociación que trabaja atendiendo a personas sin hogar tratando de cubrir sus necesidades básicas. Básicamente “llevábamos comida a personas sin techo que vivían fuera de la red de albergues municipales, en la calle o en locales ocupados”.

Raquel: ejemplo de vocación de servicio y solidaridad.

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