Los taxistas italianos se amotinan en el Circo Máximo

* Huelga en toda Italia contra el proyecto del Gobierno Monti de liberalizar el sector del taxi
ROMA. LA VANGUARDIA. EUSEBIO VAL.- El Circo Máximo, escenario de grandes espectáculos y carreras durante la época romana, se ha convertido estos días en la trinchera de uno de los colectivos profesionales más combativos de Italia, los taxistas. Han llegado desde todos los puntos del país, especialmente desde Nápoles, pero también desde Milán, Pescara y otras ciudades para protestar contra el proyecto liberalizador que diseña el Gobierno Monti.
La huelga de taxistas afectó ayer a toda Italia. En Roma, donde hay 7.800 taxis, no se veía circular a ninguno desde buena mañana. Eso provocó problemas a los viajeros en aeropuertos y estaciones de tren. En Sicilia se añade, desde hace días, el bloqueo de los camioneros en carreteras y puertos en protesta por la subida del precio del combustible y de los peajes en las autopistas.

El Gabinete de tecnócratas que sustituyó en noviembre pasado al encabezado por Silvio Berlusconi ha escogido a los taxistas como piedra de toque sobre la capacidad para llevar adelante en Italia reformas liberalizadoras de ciertas profesiones y servicios, con el objetivo de acabar con arcaicos privilegios corporativistas, mejorar la eficacia de las prestaciones, abaratar precios y crear nuevos puestos de trabajo. Se trata de dinamizar una economía que durante demasiados años se ha visto lastrada por la negativa de muchos a renunciar a derechos adquiridos. Además de los taxistas, les tocará el turno a los farmacéuticos, los notarios, los propietarios de gasolineras y otras profesiones. El Gobierno sabe bien que no será fácil cambiar mentalidades y situaciones heredadas desde hace decenios.
Los taxistas se sienten víctimas de una gran injusticia. Se oponen de manera rotunda a la idea de doblar el número de licencias –aunque les ofrezcan a cada uno de ellos tener una segunda gratuita–, pues temen que habrá demasiados taxis en un momento en que, debido a la crisis, ha bajado el número de usuarios. También se resisten a decretar la libertad de turnos de trabajo y a ampliar el territorio en que puede operar un taxi.
Los ánimos están muy agitados. Hay un fuerte sentimiento de grupo y la voluntad de forzar las cosas. Hubo ya violencia frente al palacio Chigi, la sede del primer ministro, y enfrentamientos con la policía.
“Nos han escogido a nosotros porque somos una categoría muy unida, difícil de abatir –razonaba ayer Vincenzo Capuano, coordinador de los taxistas de una zona de Nápoles–. El Gobierno quiere llamar a la atención sobre la liberalización, que seamos un ejemplo para otros sectores”.
Lo que más indigna a los taxistas es que, simplemente con el debate abierto, la cotización de sus licencias se haya desplomado, pues un potencial comprador se sentirá desmotivado ahora a dedicarse al taxi sabiendo que la oferta puede ser mucho mayor en el futuro y, por tanto, se reducirá la tarta de ganancias para cada taxista individual. Capuano y otros compañeros insistieron ante este diario en que ellos son simples trabajadores que en su momento invirtieron una cantidad importante de ahorros, a veces prestados en parte por familiares o incluso endeudándose, “para comprar un trabajo”. “No somos comerciantes de piedras preciosas, sino que hemos comprado nuestro trabajo para poder vivir”, apuntaba otro taxista.
El Gobierno está dispuesto a llegar a un acuerdo, pero hasta anoche no había sido posible. Los taxistas piden que las cosas se queden como están y que, en todo caso, se decida una política ciudad por ciudad, según las condiciones específicas. La consigna en el Circo Máximo es la siguiente: “una licencia, un propietario, un turno, un territorio”.

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