Los taxis colapsan las paradas de Barcelona por falta de clientes

* La falta de clientes asfixia al sector, que no logra autorregularse y se ve condenado a los colapsos
BARCELONA. LA VANGUARDIA.- Las paradas de taxi de Barcelona y su área metropolitana están desbordadas. Y no de clientes. Las esperas de los taxistas por una carrera se antojan infinitas. “Mi récord de este año son cuatro horas y media en el aeropuerto”, dice uno en una de las improvisadas tertulias que ahora se eternizan. “Los taxistas somos el termómetro de la sociedad, indicamos cómo va todo…”, reflexiona otro. “Ahora mismo en Catalunya sobran un montón de taxis”. Y el enésimo intento del sector de autorregularse se está deshaciendo poco a poco.
Tres horas por una carrera de 30 euros descuadra todas las cuentas. Un par de euros de suplemento no compensa noventa minutos de espera en la estación de Sants. La situación, en el último año, se ha tornado insostenible. Una hora en plaza Espanya, entre un hotel y un centro comercial, por 9 euros. Tres cuartos de hora en plaza Catalunya… Los coches se acumulan en un embudo sin salida, primero en doble fila, luego en triple, hasta que aparece un agente de la Guardia Urbana.
Luego de que la congelación de trabajadores asalariados propuesta en la última etapa socialista se perdiera en un embrollo judicial, después de que el Institut Metropolità del Taxi no encontrara apoyos suficientes para instaurar más días de fiesta, la nueva medida orquestada por la Administración y las asociaciones de profesionales destinada a retirar unos cuantos miles de coches de las calles genera tanto miedo y rechazo entre los propios que el Institut ya considera su aplazamiento. Porque lo que se perfila en el horizonte es la guerra por la supervivencia.
El sistema de turnos de trabajo -básicamente que, de manera rotativa, unos trabajen por la mañana, otros por la tarde, y quien quiera por la noche- fue la medida que se impuso a otras tres como solución a la regulación de la jornada laboral en la última consulta popular entre los titulares de licencia convocada por el Institut. En su primera semana de exposición pública, sumó más de trescientas alegaciones. A finales de mes, cuando termine el periodo, pueden ser fácilmente más de mil. Entre los peor parados por la medida estarían los que explotan la licencia de un familiar, los hijos y mujeres de los taxistas que completan la jornada y que, con el nuevo sistema de turnos, se verían abocados a trabajar por la noche. Además, con los turnos, los taxis que circulan a diario pasarían de 9.000 a 5.000 -dice Josep Maria Goñi, de la Coordinara Metropolitana del Taxi-. Y lo peor es que se está abriendo la puerta a que el hueco sea cubierto por las empresas de alquiler de coches con conductor. Sería nuestro fin. La mejor solución es reducir poco a poco el número de licencias”. “Es que el día que instauren los turnos despediremos a la mitad de los asalariados -dice Carmen de Tienda, de la Asociación de Empresarios- Con estas restricciones no harán falta tantos conductores”. Más de 1.300 despidos.
La coordinadora y los empresarios piden una suspensión cautelar del sistema de turnos que, según tenía planeado el Institut, debería instaurarse esta primavera hasta, como poco, el próximo otoño, un aplazamiento que no hace gracia a la otra gran asociación de taxistas, el Stac, dirigido por Luis Berbel, pero que la administración ahora considera. “La verdad es que ahora comienza la temporada turística -tercia Eduard Ràmia, gerente del Institut-, y quizás no sea la época más conveniente para restringir el número de taxis”.
“Cada vez son más los días que te vas a casa con una caja de unos 80 o 90 euros, y si a eso le restas los gastos te das cuenta de que estas trabajando por mil euros al mes”. “Hay padres de familia echando un montón de horas al día por ese dinero”. “Hay que hacer algo, estamos repartiendo la miseria y a este paso lo único que lograremos es hundirnos todos”. “Ni siquiera puedes recuperarte por las noches”.
“Por la mañana llevas señoras al dispensario y sacas calderilla, pero por la tarde te mueres de asco”. El ambiente se espesa y se antoja mortecino. Las escenas se repiten en rambla Catalunya con Diputació, en el paseo de Gràcia con València, en la plaza Antoni Maura, en Sant Jaume. Unos turistas escrutan un mapa… Toman el metro. Ahora la gente siente que ahorrar es una obligación moral. Dos policías municipales suben por la Rambla y la triple fila desaparece. “A veces viene un policía con voluntad de diálogo y simplemente te echa”. “Y otros pasan por al lado en coche y te hacen la foto y luego te llega la multa a casa”. “Hay uno que se pone por la plaza de Espanya que…”. “Y otro que va por la plaza Catalunya que…”. “El otro día en Creu Coberta casi llegaron a las manos”. “Y a veces nosotros no sabemos comportarnos…”. “Es que siempre estamos más de los que cabemos”.

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